Nunca he comido camote, ni dulce ni de ninguna manera, no puedo decir si me gusta o no, lo que sucede es que le tengo una gran tirria a EL SEÑOR DE LOS CAMOTES, y se perfectamente que el también me odia, lo demuestra cada vez que se le presenta la ocasión, yo soy un poco más diplomático y mi reacción hacia el no pasa de un simple "¡Chinga tu madre!".
No se cuando comenzó esta disputa, pero se que tiene años, muchos, más de los que puedo recordar, quizá desde mi infancia, él pasando junto a mi con cautela para que no lo note y sacando el vapor por su silbato, yo brincando como gato y tapándome los oídos sorprendido y enojado. Siempre me ha molestado muchísimo ese silbido, y él aprovecha cualquier ocasión para sorprenderme.
El día que colmó el plato fue una tarde en que estando yo tomando una siesta en mi camioneta después de comer, el ruin y malintencionado se paró junto a mi y aprovechando mi somnolencia osó silbar con todo el poder que su maldita maquina de vapor le brindaba, mientras yo desperté sobresaltado y me golpee las piernas con el volante, cuando salí a buscarlo para reclamarle el infame camotero ya había pegado la carrera y se carcajeaba en la esquina contraria.
Casi a diario pasa por mi casa y se para frente a la casa a anunciar sus productos, aunque yo se bien que su intención es burlarse y molestarme a mi y a todos los perros de la calle, porque siendo honestos nunca he visto que alguien le compre.
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